Pintor. conferencista., escenógrafo, poeta, guionista y actor: entre nos Daniel Habegger

Juan Daniel Habegger comenzó su camino en esta tierra el 21 de julio de 1946. Lo recibió una familia con una fuerte tradición europea, del lado de su madre, escoceses y franceses; del de su padre, suizos.
Su infancia transcurrió entre la escuela inglesa de Devoto, donde vivía la familia y sus vacaciones en Baradero, junto a su hermana, en un campo de la colonia suiza, al que habian llegado sus bisabuelos como colonos.
Desde chico encontró en el dibujo su forma de expresión. Contaba cómo sus compañeros le pedian que les dibujara autos y aviones, y al finalizar 6to grado hizo un retrato de cada uno de ellos.
Su padre, Arturo Habegger, fue uno de los fundadores de la Comunidad de Cristianos en la Argentina e integrante del primer grupo de argentinos interesados en las enseñanzas de Rudolf Steiner. Era una persona que valoraba mucho la educación de sus hijos, pero siendo asi que la única escuela Waldorf en ese momento en Buenos Aires estaba en Florida, lejos de su casa, pensó que en el colegio Ward, como pupilo, recibiría su hijo la mejor educación. Los dos años que Daniel pasó allí fueron años dificiles. Definitivamente un régimen que no era para él.  Finalmente el médico de la familia les recomendó sacarlo y así terminó la escuela sencundaria en el colegio Burmeister.
En sus relatos de esa época contaba que asistía al culto de la Iglesia Evangelica Alemana y el cómo jóven  lleno de preguntas sobre el mundo, la vida, la espiritualidad, no hallaba allí una respuesta.  Su padre no quería influenciarlo con sus convicciones antroposóficas, pero Daniel recordaba que un día dejó sobre su mesa, “por azar” un libro de La Ciencia de lo Oculto y el lo leyó con curiosidad y cierta incredulidad. Este fue su primer acercamiento a esas ideas.
Durante un tiempo hizo intentos de trabajar en una agencia de publicidad, por su facilidad con el dibujo, pero asi como la escuela donde estuvo pupilo, éste tampoco era el ámbito en el que podría desarrollar sus capacidades.
Despues de aprender algo sobre el oficio del oleo con un maestro, comenzo a pintar de forma autodidacta, pudiendo plasmar en esos primeros trabajos lo que bullía en su mundo interior. Estudió la obra de Rembrandt, atraído por la forma en que los seres iluminados emergían de la oscuridad. También se sintió muy atraído por la obra de Turner, pintor de la Luz por excelencia.
Sus primeras pinturas de esa época son oleos, sutiles paisajes imaginarios con personajes que aparecen en un ambiente que recuerda la escenografía de una ópera.
Más adelante su contacto con los maestros de la escuela uruguaya de Pintura Constructiva, fundada por Joaquín Torres García, orientó su pintura a la observación de la realidad, de los puertos y los paisajes, y puso el foco en la composicion de sus trabajos.
Comenzo, por esta época, a exponer en la feria de San Telmo, en la sección de Pintura. Este espacio albergó sus obras cada domingo y allí también cosechó profundas amistades. Amaba compartir largas charlas sobre Arte con sus colegas artistas. Fue un recorrido que acompañó su vida por 40 años, practicamente sin pausas y hasta el final.
Partiendo de aquel primer contacto con el libro de Rudolf Steiner que le dejara su padre, comenzó a acercarse más a las ideas de la Antroposofía que respondía a las preguntas que latían en el desde la adolescencia. Cuando yo lo conocí como pintora  en la feria de San Telmo, estaba descubriendo con fascinación esas ideas. En nuestra casa de la Boca de aquel entonces, fueron muchas las horas  que pasamos conversando y discutiendo  sobre temas como  el conocimiento del mundo espiritual, la pintura desde el color,  el reino de los Angeles.
Tomando como referencia la teoría de Goethe, su pintura fue mayormente  inspirada por el movimiento de los colores. Apareció la acuarela, como técnica en sus obras y se abocó a investigar cómo aplicar esta técnica sobre tela o paneles.
En esas épocas conoció a Marianne Bertram, euritmista ligada a la Escuela San Miguel Arcángel. Ella compartió con Daniel su estudio y su pasión por el tema de las celebraciones de las festividades (fiestas Cristianas y Estacionales) en el hemisferios Sur. De allí surgieron las primeras imágenes de las cuatro imaginaciones cósmicas, según las describe Rudolf Steiner. Es un tema que recorre la obra de Daniel desde la década de 1980, hasta el final. Las últimas versiones de las Imaginaciones, en tamaño grande fueron  presentadas con una música compuesta por Horacio Benchuya,  para cada uno de los ambientes.
Uno de los trabajos más importantes para Daniel fue la pintura del altar de la Comunidad de Cristianos de Buenos Aires. Esta obra marcó un antes y un después en su trabajo como pintor. No solo porque significo un desafio, sino por el significado y la presencia que esta imagen tiene para tantas personas. Mas adelante recibió el encargo de pintar el altar de la Comunidad de Cristianos de San Pablo y tiempo despues el altar de la Comuidad de Lima, Perú. En cada uno de estos cuadros pudo incorporar en la imagen algo de lo  particular de cada uno de  esos lugares.
La  iglesia de Buenos Aires fue consagrada y  en 1985 nos casamos allí. En esa década nacieron nuestros 3 hijos y nos mudamos a Villa Adelina, cerca de la Escuela San Miguel Arcángel, de la que fuimos padres durante 15 años. Alli Daniel (en un principio con la guia de Annemarie Oehring) colaboró en plasmar lo artistico en paredes, murales, afiches, teatros y trabajos artísticos para el circo de la escuela. En el circo, durante 10 años, junto a padres y maestros,  fue escenografo, poeta, guionista y actor; una tarea que lo llenaba de entusiasmo y alegría.
Como maestro de Pintura dió cursos por muchos años en la Sociedad Antroposofica, en  seminarios dados en Buenos Aires y en el interior del pais y en la Casa Rudolf Steiner.  Con gran dedicación acompañó la formación del impulso para crear la escuela de La Aurora, de Quilmes y continuó luego colaborando con la formación de los maestros.
A lo largo de su carrera artística expuso sus trabajos en distintas oportunidades. Por primera vez, sus obras del comienzo de su camino, en el Salón Municipal de Baradero en 1975, en Buenos Aires en La Trastienda, Galería Latina de San Isidro, etc. También muestras itinerantes en distintas ciudades de Alemania y Holanda. En 2009 y 2010 en la Fundación San Rafael y en 2014 en la Comunidad de Cristianos de Berna, Suiza.
Su camino en el conocimiento de las ideas de Rudolf Steiner para el Arte lo llevó a compartir sus ideas en conferencias, en distintos ambitos antroposóficos. Estas ideas fueron para Daniel una inspiración para su Pintura. En sus obras, el movimiento del color y el juego de la luz y la oscuridad son los protagonistas. El  verdadero artista creativo, según sus palabras, sufre la agonía de dar a luz y al hacerlo trae curación al mundo. ¿Qué significa curar? Es avanzar un paso más desde lo imperfecto hacia lo perfecto, que no existe en el mundo de los sentidos. El verdadero Arte puede y debe elevarse por sobre la oscuridad, la miseria, el caos y el dolor y mostrar un mundo luminoso y un poco mas cercano a aquella perfección.
Dejando tras de sí una estela de colores  y una obra que nos muestra el recorrido de su biografía, partió de este mundo el 19 de febrero de este año, 2019.
En este escrito se resume su ideario como pintor:

“Jugar con los colores-pincel en mano- con la
mayor seriedad.
Amarlos, respetarlos.
Dejar que me envuelvan el alma y me seduzcan,
permitiéndoles expresar su voz, su calor, su frío,
su alegría, su serenidad, su pasión, su misterio.
Alejándose, acercándose
irradiando, absorbiendo.
Descubrir con los ojos del silencio
los infinitos matices y sombras de la luz.
Recrear con ellos – en las dos dimensiones
del plano – a la naturaleza y crear otros mundos:
ingrávidos, eternos, vivientes,
sabiéndolos primordial substancia
del verdadero mundo del que somos,
umbral de la patria de la cual todos hemos venido
y hacia donde vamos.
He ahí mi oficio de pintor.
He ahí mi magia.

 J. D. Habegger.

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Escrito por Liliana Gil
recibido 19.9.2019